Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

Trump y su Política Exterior: de bufón a matón

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Los Estados Unidos de Trump no ingresó en una etapa de aislacionismo, pero si en una orientación internacional que aun persigue, con una lógica estrictamente transaccional, imponer sus condiciones en las áreas de su reducido interés nacional. 

En los últimos cuatro años, el objetivo de Estados Unidos ha sido reducir progresivamente el costo de su involucramiento en temas globales para concentrarse en el desarrollo de su propia fuerza nacional, económica y política. Esto ha sido una abierta estrategia por debilitar las instancias y negociaciones multilaterales, privilegiando el trato directo entre Estados. Como consecuencia inmediata, los afectados han sido los países medianos y pequeños, como los de América Latina, en su capacidad de negociación. 

Esta opción política tuvo tres objetivos que afectaron el conjunto del sistema internacional. La primera ha sido el rechazo al multilateralismo y al sistema de Naciones Unidas tal cual lo conocimos hasta ahora. La segunda ha sido el retorno a un proteccionismo comercial con consecuencias no solo sobre las grandes potencias rivales de Estados Unidos, y la economía global, sino también y muy especialmente sobre las economías de los países en desarrollo. La tercera, ha sido generar las condiciones para mayores niveles de competencia y conflicto entre las grandes potencias, de la cual China no perdido oportunidad de reaccionar. 

Lo paradojal ha sido que, con esta estrategia de repliegue internacional en relación a sus alianzas y su desprecio por los mecanismos multilaterales, generó un espacio para fomentar o consolidar liderazgos regionales en determinadas zonas de influencia que no necesariamente son beneficiosos para sus intereses. Como consecuencia inmediata de estas señales que envió a Rusia sobre Crimea, o a Turquía o los iraquíes sobre los kurdos, fueron claras: por mí no se preocupen. Quedará por ver hasta qué punto esa estrategia de religue le será indiferente ante la arremetido de China por mayor control por Taiwán: el gran conflicto entre las dos superpotencias de acá al 2048 cuando se cumplan 100 de gobierno comunista, que entre otros objetivos, se planteó el retorno de Taiwán a China. 

Todo lo anterior, ha contribuido a un descenso de la cooperación internacional, lo que abre un escenario preocupante para los países en desarrollo, que nuevamente caen en categoría de “países satélites” del conflicto o la tensión dominante. Aquí cabe hacerse la pregunta: ¿se están securitizando en exceso todos los planos de las relaciones internacionales? ¿es esta tendencia sustentable? ¿cuáles son las opciones de Chile y América Latina? 

En corto plazo, Chile y la región, tendrán que considerar que tipo de relaciones se concebirá con Estados Unidos. Porque lamentablemente, un potencial triunfo de Biden no implica necesariamente un cambio radical en la aproximación aislacionista que se va consolidando en Estados Unidos. 

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