Raul Arrieta

Raul Arrieta

Abogado. Cursó sus estudios de Magíster en Derecho Público en la Universidad de Chile y es Diplomado en Derecho Administrativo por la misma Universidad. Es socio de Gutiérrez & Arrieta Abogados, oficina especializada en derecho y la tecnología. Entre 2001 y 2010 desempeñó diferentes cargos en el Gobierno. Es Profesor de Protección de Datos en la Universidad Central de Chile y Ex-Presidente y Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

Un paso por Venezuela y el por qué debemos cuidar nuestras instituciones.

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Acabo de pasar una semana en Caracas por un tema de salud de mi padre y, como es obvio, cuando uno se enfrenta a la enfermedad de una persona amada probablemente se pone más sensible y reacciona y sobre reacciona con mayor facilidad frente a las cosas cotidianas de la vida.

Llegué a Venezuela cuando poco antes de aterrizar se había dado vuelta un camión cisterna de gas en la autopista que une la ciudad de La Guaira con Caracas. Ello hizo que la autopista fuera cerrada, lo que me llevó a tener que esperar en el auto que me transportaba por más de 7 horas. La sensación de fragilidad de la infraestructura termina haciéndote sentir que frente a una emergencia familiar ya no basta tener que viajar en avión durante más de 8 horas, sino que dependes de que no ocurra nada en la autopista y que las autoridades responsables del transporte y la infraestructura no se demoren todo un día en llevar una grúa que permitiera despejar la autopista para seguir avanzando con destino a Caracas.

Un par de días después acompañé a mi papá al hospital y me permitió dimensionar que lo que se asume en Chile de la crisis venezolana no se condice en nada con la realidad. Todo es poco, la precariedad es absoluta y, sin embargo, la gente sigue de buen ánimo, con la esperanza de que en “algún” momento se le atienda y, el personal verdaderamente hace magia con los pocos recursos que tiene para poder satisfacer las necesidades de la gente.

Hoy fui al supermercado a intentar comprar algunos chocolates para llevarle a mis hijos y ello no fue posible. Los supermercados están verdaderamente arrebatados de nada, pareciera que hay de todo porque los anaqueles están llenos, sin embargo, son escasos productos que los repletan por completo. Sin embargo, uno toma conciencia que independientemente de que tengas dinero para comprar, la alternativa de compra siempre es aquello que está disponible y nunca lo que tu quieres.

Así, te das cuenta de que el acceso a la salud y a los alimentos se ha convertido en una titánica tarea que tienen que hacer los venezolanos día a día para poder satisfacer las necesidades más elementales.

Por otra parte, en la misma semana, pude seguir por los medios de comunicación chilenos una profusa cobertura respecto al conflicto que se ha suscitado entre el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial. Por muchos momentos me dio la sensación que en la “pelea” a ratos se pierde el respeto por la institucionalidad y por el rol que deben jugar los diferentes órganos de los Poderes Públicos para asegurar el buen funcionamiento de nuestra democracia constitucional.

Con esa sensación y aprovechando mi estada en Venezuela conversé con diferentes personas sobre cómo ellos recuerdan el inicio de la decadencia que ha vivido Venezuela en las últimas 2 décadas. La respuesta fue bastante contundente y generalizada: la pérdida del respeto por la actividad política y el rol de los partidos políticos, el aumento de la corrupción hasta llevarla a niveles inaceptables, el deterioro en el diálogo de las instituciones que conforman los diferentes poderes públicos y el surgimiento de caudillos populistas que fueron capaces de capturar el descontento popular.

Ello, sólo me lleva a reflexionar sobre la relevancia que tiene el que mejoremos el juego democrático en nuestro país, para lo cual resulta indispensable volver a la política de los acuerdos, de esos grandes que permitieron que Chile se encontrará orgulloso de hacer política, pero aquella que se escribe con “p mayúscula” POLÍTICA. Ello en ningún caso supone renunciar a la realización de las reformas estructurales que requiere nuestro país para hacerlo más justo, sino hacerlo buscando generar grandes acuerdos por el desarrollo de Chile. Es indispensable tener presente que no hacerlo o hacerlo, en mi opinión, sin grandes acuerdos, sólo llevará a que el descontento social se mantenga contenido como en una olla a presión, la que en algún momento siempre termina por estallar.

Conflictos como el que tenemos entre el Tribunal Constitucional y la Corte Suprema siempre es bueno que se produzcan en una democracia de manera de lograr que se promueva un verdadero juego de equilibrio, de pesos y contrapesos, entre las diferentes instituciones y con ello garanticemos el Estado de Derecho. Pero lo que es fundamental es que respetemos a las instituciones y permitamos que ellas funcionen de manera de asegurarnos que la salida que tenga el conflicto siempre tenga por objeto fortalecer a las instituciones y a nuestra democracia. De lo contrario caemos en el peligro de erosionar los pilares de nuestro Estado de Derecho y con ello comenzar a recorrer un camino que después de algunos años nos puede llevar a reconocer que nunca fue el camino que quisimos recorrer y, lo que es más grave, que el salir de él parezca un sueño que no podemos convertir en realidad.

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