Pablo Gutierrez

Pablo Gutierrez

Abogado con estudios en Derecho Constitucional y Derecho Regulatorio Ambiental, con una vasta experiencia nacional e internacional en reformas institucionales y cambios regulatorios en diversos sectores del Estado.

Vamos a decir apruebo… OH, OH, OH!

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Para muchos chilenos y chilenas aún vivos y vigentes, aún resuena la melodía de la campaña del No de 1988…Vamos a decir que No! Oh, oh, oh! Aún cuando las analogías históricas carecen de validez científica, conocer la historia puede ahorrarnos varios dolores de cabeza y evitar cometer errores cuyos costos pagarán las generaciones venideras.

Chile se enfrentará a una encrucijada histórica, hablamos de las reales no las inventadas, sobre como distribuir el poder en el Chile del futuro. En ese sentido, las aguas ya hicieron una primera división profunda entre las fuerzas políticas y sociales de nuestra criolla realidad, al dejar en un lado quienes quieren ampliar las formas de participación ciudadana y quienes prefieren mantener el modelo restrictivo actual. Dicho en español antiguo: quienes quieren distribuir el poder en la ciudadanía con mayor densidad y quienes sienten que la actual forma de representación es más que suficiente.

Sin perjuicio de lo anterior, ambos coinciden en cuestiones no menores y altamente valorables. Lo primero, que el mecanismo para resolver este dilema es la vía electoral y no la fuerza, como acostumbramos en Latinoamérica; y lo segundo, será en el marco de la actual institucionalidad. A pesar de las malas caras o las torpes amenazas de anarquía, este pacto de respeto a la voluntad soberana debe ser irrestricto y sin condiciones.

Como firme partidario de la opción por el “Apruebo”, puesto en la hipótesis de la victoria de esta opción, parece importante relevar algunas particularidades y proyectar algunas ideas de cara a la campaña.

Una particularidad central, es la inexistencia de una fuerza hegemónica u ordenadora del proceso, sea porque posee una mayoría importante o porque el pacto entre los actores es extremadamente robusto. Nos referimos en el primer caso a las constituyentes de Ecuador y Bolivia, y en el segundo, al caso colombiano. Chile está en las antípodas de ambas hipótesis, dado que, a diferencia de la existencia de acuerdos políticos robustos en los casos mencionados, nos encontramos actualmente en un contexto de coaliciones devastadas y partidos con una baja capacidad de entendimiento, lo cual hace relevante establecer vasos comunicantes robustos entre estos actores políticos, dejando de lado las diferencias tácticas y anteponiendo la construcción estratégica.

En el contexto de lo anterior, la firma del “Acuerdo por la paz social y nueva Constitución”, no puede ser mirado sólo como una fotografía antojadiza u oportunista, sino como el primer paso del proceso constituyente, donde diversas miradas de país logran construir un lugar de encuentro. Puesta esta concepción en la campaña, nadie podría entender que ante la opción “Apruebo”, surjan decenas de campañas con mensajes distintos, que incluso pueden rayar en lo contradictorio. Como enseña el manual más básico de campaña, una opción apoyado por un tsunami de formas, conceptos y colores, es la mejor forma de espantar al electorado y garantizar la victoria del adversario.

Surge así el mayor de los temores y símbolo a la pequeñez electoral: ¿Cómo puede ser posible pensar en una campaña unitaria del “Apruebo” dada la diversidad política de los sujetos concurrentes?  Pues, de la misma forma que los antiguos enemigos mortales en la Unidad Popular, fueron capaces de entender la encrucijada histórica de 1988 y dejar rencores, temores y venganzas, con la finalidad que el país saliera de casi dos décadas de oscuridad. En esta parte, más de algún lector afirmará que 1988 y 2020 son dos capítulos incomparables, dado que, a pesar de todo, el pasado era una dictadura y el presente una democracia, golpeada y vejada, pero democracia al fin. Justamente la falta de esa polarización brutal, dictadura/democracia, debería ser el mayor argumento para que fuerzas políticas con diferencias en el marco republicano, generen un marco de campaña común, que logre transmitir con nitidez que el cambio constitucional por vía convencional, no es sinónimo de anarquía y caos (…como que algo suena parecido a “Chile el marxismo ya viene”, ¿no?).

Chile no construirá sus nuevos cimientos a partir de un mágico acto constitucional, sino que será producto de un proceso completo y complejo, donde deberán purgarse temores y rencores, pero sobretodo, innovar con coraje y audacia la forma de conducir este camino. La construcción de una campaña desde abajo, donde sean los militantes, desde Renovación Nacional hasta el Frente Amplio, quienes bajo un paraguas de campaña común, sean quienes convoquen y entreguen seguridad a la ciudadanía sobre el camino constitucional, parece ser la forma ideal de enfrentar los meses venideros. Un entendimiento de estas características, es el paso lógico hacia un pacto de gobernabilidad de la futura Convención Constituyente, o sea, se corresponde con el clima adecuado para generar las confianzas para lograr redactar el futuro Pacto Social del nuevo Chile.

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