Pablo Velozo

Pablo Velozo

Abogado de la Universidad de Chile. Magíster en Dirección de Personas y Organizaciones de la Universidad Adolfo Ibáñez. Socio fundador de ANVE abogados. Ex secretario general y ex presidente del Tribunal Supremo del Partido Socialista de Chile.

Vigencia de Jean Paul Sartre

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Lo primero que debiésemos abordar es qué se entiende por “vigencia”, palabra llena de equívocos y polisémica, como dicen los lingüistas. Si la entendemos superficialmente, las ediciones de bolsillo de Gallimard sobre Sartre se han vendido muchísimo y la bibliografía va en aumento. Por lo que, mirado desde esta perspectiva, al parecer sigue interesando al público. La pregunta entonces es ¿por qué? En mi opinión, se debe a que Sartre centró su reflexión en la cuestión de la violencia, presente en toda su obra, en muy distintos aspectos y connotaciones, como reflejo de haber sido testigo del siglo más violento en la historia de la humanidad. Porque aunque todos los siglos han sido violentos, como diría un inglés, dos guerras mundiales fue “Un poquito como demasiado”.

A la pregunta sobre la vigencia, podemos añadirle la del legado que el pensamiento sartreano ha dejado a las nuevas generaciones, a saber, la primacía absoluta de la libertad y la forma de su razonamiento; premioso, agresivo e interpelativo, al punto de sugerirnos que dejemos de responsabilizar al mundo por nuestros males, pues somos todos responsables por todo.

Ese presupuesto, que viene de Dostoievski, pero que Sartre lo hizo propio como ninguno después.  Esa es la respuesta de la libertad puesta en el primer plano de la reflexión y de la problemática humana en este siglo (tal vez eso, es así, porque el siglo XXI todavía no tiene una filosofía propia, lo que mantiene vigente la del período anterior).

Sartre presenta otra particularidad que lo hace un filósofo bastante inusual, incluso para estos tiempos. En efecto, él trabajaba con la realidad a través de su filosofía, pero también lo hacía con la ficción con su literatura. Y es que Sartre fue atraído desde muy temprano por el tema de la imaginación. Probablemente él rechazaría una distinción muy radical entre lo real y la ficción, o entre literatura y filosofía. Ya en una entrevista que le hicieron con motivo de sus 70 años de edad, un gran conocedor de su producción -Michel Rybalka- le pregunta por la monumental obra que escribió sobre Flaubert; “El Idiota de la Familia”, tres tomos que acumulan más de 1500 páginas y que durante mucho tiempo se rumoreó existía un cuarto volumen que no se publicó. Ahí Sartre señala que es una obra de investigación histórico-literaria, filosófica y psicológica, porque es un intento de aplicar la tesis del psicoanálisis existencial a un autor como Flaubert, pero al mismo tiempo es un libro de ficción que se puede leer como una novela, que tiene mucho de ficción, pero al mismo tiempo habla de lo real, porque en la fenomenología de la cual proviene Sartre la imaginación juega un rol epistemológico capital. Esta es una idea que prendió muy fuerte él: la imaginación nos habla de lo real.

Es Sartre, a nuestro juicio, el mayor filosofo de la libertad que haya existido. Y su mayor legado fue  el hacernos comprender que somos responsables por las cosas que hacemos y las consecuencias que generamos; lo que, por estos días,  es una píldora muy amarga, gorda y difícil de tragar.

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