Nicolás Guzmán

Nicolás Guzmán

Abogado viñamarino de la PUCV. Magister en Derecho PUCV y Magíster en Derecho Laboral y Seguridad Social UAI. Con diplomados en Derecho Ambiental, Derecho de la Función Pública, Derecho de la Contratación Pública, Derecho Municipal, Gestión Municipal y Políticas Públicas para Gobiernos Locales. Ha sido abogado de la Prosecretaría General de la PUCV y asesor del Programa de Asistencia Legislativa del Instituto Igualdad. Actualmente se desempeña como Director Jurídico de la Municipalidad de Valparaíso. Comprometido con la construcción de verdaderos Gobiernos Locales.

Viña en pandemia: el dilema del Festival, las bacterias y el hambre de participación

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En plena pandemia, Viña del Mar está discutiendo dos asuntos que parecen lejanos, pero que, sin duda, tienen diversos contenidos de fondo en común: el Festival de Viña y la pretensión inmobiliaria en el paño Las Salinas.

Producto de la crisis sanitaria, TVN y Canal 13 solicitaron al municipio viñamarino suspender la próxima edición del certamen musical. Desde el órgano edilicio de la Ciudad Jardín, descartaron este escenario, señalando que “los concesionarios tienen la obligación de producir, organizar y transmitir el Festival”. Y eso es porque el Festival de Viña no es sólo un buen escenario para artistas, sino que también lo es para la comuna, generando efectos positivos en el comercio, turismo, empleo y las propias arcas municipales.

En el actual escenario, el municipio y los canales de televisión tendrán que ingeniárselas para producir un espectáculo de calidad, brindando amplias medidas de seguridad para los partícipes y asistentes. Algunas de las opciones que se podrían implementar, es disminuir a la mitad el público, potenciar transmisiones vía streaming y reduciendo días. Para ello el paradigma debe cambiar necesariamente. Y es que en estos momentos el objetivo principal debe ser la transmisión y publicidad, antes que la venta de entradas y el posible aforo.

Ahora, es evidente que, si no están las condiciones sanitarias, el Festival no se puede celebrar como normalmente lo conocemos, ya que la vida y salud de las personas están primero. Sin embargo, si las circunstancias lo permiten, debemos buscar soluciones ingeniosas para realizar el Festival en forma segura. Esta es una oportunidad para que la transmisión tenga un rol protagónico, para que la difusión y cobertura del mismo salga de la frivolidad que rodea al espectáculo y, en definitiva, permita visibilizar la realidad ese Viña que no se muestra normalmente en la pantalla. Debemos tratar de avanzar, -aunque sea un poco-, en concientizar a los habitantes de la comuna de la necesidad imperiosa de integración y, a la vez, de fiscalizar que los recursos que produzca el festival, se inviertan en las zonas empobrecidas de la comuna y no se diluyan en horas extras fantasmas u otros gastos cuestionables.

Y no sólo la discusión del Festival hace invisible los problemas relevantes de la ciudad, como los 41.324 hogares de los campamentos que se encuentran en zonas de alta o de muy alta vulnerabilidad frente al Covid-19. Estos campamentos son manifestación de la desigualdad y la segregación que nos aquejan, y son un recuerdo constante de la geografía social de nuestra desigualdad local. En este mismo plano y también abonando en este sentido, encontramos la discusión por el futuro del paño de 16 hectáreas de las ex petroleras de la Av. Jorge Montt. Este verdadero manjar para las inmobiliarias, pone de relieve el problema del desarrollo urbano en sectores históricos de ciudades como Viña del Mar. El paño de Las Salinas posee una ubicación inigualable, y una potencialidad que difícilmente podrá repetirse. Desde esta perspectiva los habitantes de la comuna deberemos fiscalizar que en el plano ambiental se cumpla la Resolución de Calificación Ambiental, lo que implica que la Inmobiliaria Las Salinas, propiedad de Copec, asegure e informe a los vecinos y vecinas de la comuna que el proceso de remediación de contaminantes del terreno, mediante bacterias, será capaz de eliminar los contaminantes presentes; que se asegure que no se va afectar el pasivo ambiental marino inmediato; que se asegure que las tuberías selladas no retiradas no constituyen peligro alguno. Además, en el plano de resguardo de la vida y salud de las personas, la empresa deberá dar absoluta certeza (si es que finalmente se revela la obra proyectada y aquella es inmobiliaria) que no existirán gases tóxicos que puedan ascender causando enfermedades fatales.

Nada de lo anterior será posible si es que no se asegura la debida participación ciudadana. Viña ya tiene una buena experiencia con consultas ciudadanas, y un destacable logro, en la última de éstas, de más de 80 mil personas como partícipes. La opinión pública y ciudadana tiene pleno derecho a tomar una decisión y a emitir una opinión informada respecto del paño de Las Salinas, lo que permitiría allanar el camino para un futuro trabajo conjunto entre la propietaria del terreno, el municipio, y por sobre todo, en mancomunión con los vecinos, vecinas y organizaciones ciudadanas, los que anhelan tener participación en esta clase de decisiones y de fiscalizar que aquellas se cumplan correctamente.

Sin embargo, más importante que lo anterior, el desafío real de participación para Viña del Mar de cara al 2021, y que será la clave para el desarrollo de la comuna de aquí al 2030, será reactivar la discusión del más relevante instrumento de gestión municipal: el nuevo Plan Regulador Comunal, el cual deberá contar con todas las instancias de participación que sean necesarias y que inexplicablemente se encuentra congelado en algún cajón de Arlegui 615. Este nuevo plan necesariamente algo tendrá que decir sobre los terrenos en cuestión.

Si algo logramos a partir del estallido social, es un avance histórico de la solidaridad, reflejándose tanto en los cabildos autoconvocados como también en las ollas comunes. Y Viña del Mar no es la excepción. Los habitantes de la ciudad hemos pedido el regreso de la dignidad, del bien común, del respeto mutuo, de lo colectivo, allí donde la participación de la ciudadanía y la puesta en relieve de realidades que no se muestran ni en los matinales ni en los difuntos programas de farándula, serán la clave de nuestro desarrollo futuro. El Festival y el paño de Las Salinas, en plena pandemia, nos desafían a ser una mejor ciudad.

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