Francisco Javier Diaz

Francisco Javier Diaz

Abogado y cientista político (U. de Chile, London School of Economics). Analista, columnista, ex-influencer y speechwriter profesional. Fue Subsecretario del Trabajo (2014-2018), ahora ejerce como abogado en materia laboral.

Virus peligroso

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Cuando la Dra. Izkia Siches dijo en La Moneda “si al gobierno le va bien, a todos nos va bien”, muchos pensamos que se abría una nueva etapa en la azarosa política chilena de los últimos meses.

Lo dijo después de la primera reunión de la Mesa Social por Coronavirus convocada por el gobierno. Los días previos habían sido caóticos. Los alcaldes simplemente impusieron el cierre de los colegios al gobierno, desautorizando las recomendaciones del comité de expertos. Múltiples sectores políticos y sociales exigían cuarentena total e inmediata. El alcalde Codina regañaba en plena conferencia de prensa al Ministro Blumel. La credibilidad de la autoridad sanitaria, elemento clave para contener una pandemia, se ponía peligrosamente en cuestión.

Hasta que se reunió la Mesa Social e Izkia dijo lo que dijo.

Muchos pensamos que a partir de ese momento primaría la sensatez y la altura de miras. En salud pública no hay dos lecturas: autoridad única, medidas claras, números precisos. Parecía que se enrielaba el enfrentamiento nacional de la pandemia. Chile honraba una larga tradición de salubristas de primer nivel, más allá de que la privatización de los últimos años hubiese mermado gravemente la capacidad de su sistema público.

De hecho, transcurrido un mes desde el primer caso de contagio, el enfoque sanitario parece haber sido el adecuado. Un mayor número de tests que en otros países; medidas crecientemente restrictivas, pero no apresuradas; protocolos de atención y tratamiento; concientización de la población respecto de las medidas de distanciamiento social e higiene. Todo eso lleva a que tanto el número absoluto de fallecimientos, como la tasa de letalidad de la enfermedad, se mantengan en el nivel más bajo comparado con otros países.

Pero en los últimos diez días, al clima político se volvió a enrarecer.

Y uno de los principales culpables ha sido el propio Presidente Piñera. ¿Qué puede haber pasado por su cabeza para por a hacer una sesión de fotos a Plaza Italia? ¿Con eso colabora en algo a la unidad?

Su afán de protagonismo ha sido capaz de opacar la gestión sanitaria. Sus declaraciones en contra de parlamentarios y alcaldes, además de contraproducentes, dan muestra de que el cálculo del puntito en tal o cual encuesta, sigue muy presente en su cabeza.

Pero no solo eso: la insensibilidad del gobierno frente al temor de los trabajadores por su salud y por sus ingresos ha sido espantosa. Se ve improvisación y desidia. Las filas iniciales en la locomoción colectiva fueron vergonzosas. La fila de la clave única, la fila del permiso de circulación, la fila del seguro de cesantía. Los trabajadores parecen ser la carne de cañón en esta crisis, como decía un columnista.

El Dictamen de la Dirección del Trabajo no pudo ser más equivocado e inoportuno. El fantasma de la pobreza se vino de golpe a la mente de los trabajadores. El bono de 50 mil pesos no alcanza a solventar ni una semana los ingresos de millones de trabajadores informales que viven al día.

Pero para ser justos con el Presidente y su gobierno, los demás actores no han dado el ancho.

Por cada alcalde Codina planteando problemas reales, hay cinco alcaldesas Barriga haciendo estupideces. La frivolización a nivel municipal ha llegado a niveles inaceptables. ¡La alcaldesa de Maipú transmitió un funeral por Instagram! ¡Otro par de alcaldes cortó una carretera impidiendo que pasara una ambulancia con enfermos! Es de esperar que las propias organizaciones de municipios vayan tomando una voz más sensata, aislando a los altisonantes y a los frívolos que, de epidemiología, poco y nada saben.

Los partidos políticos han estado ausentes. Es cierto: las medidas para enfrentar los efectos sociales de la pandemia han sido muy insuficientes y como se dijo, ha habido insensibilidad de parte del gobierno. Transversalmente se ha cuestionado ese manejo. Institucionalmente, ningún partido ha cuestionado las decisiones de la autoridad sanitaria.

Pero en redes sociales, algunos parlamentarios en la izquierda azuzan y azuzan a las masas con inferencias erróneas o información derechamente falsa. Y presentan proyectos de ley sin destino, para ganar unos segundos de televisión. Los de derecha, por su parte, solo preocupados de los presos de Punta Peuco.

Y para rematar, LATAM pide salvataje fiscal, las ISAPRES suben los planes y los bancos ofrecen condonaciones con letra chica e intereses, mientras que la dirigencia empresarial, en vez de proponer un pacto fiscal que podría ser histórico, se vanagloria de haber hecho una colecta.

En síntesis, no son buenas las señales de los últimos diez días. Los actores políticos y empresariales no han estado a la altura. El gobierno hace llamados a la unidad, pero al mismo tiempo trata de aprovecharse, pasar su propia agenda y subir en las encuestas. La oposición sin conducta. El empresariado contando plata y despidiendo trabajadores.

No se ve bien.

Hace falta urgente una nueva reunión en La Moneda.

Hay una estrategia sanitaria para enfrentar el COVID19, lo que no hay una estrategia política para enfrentar la crisis económica y social que este acarreará.

Ese virus puede ser tanto o más peligroso. Ojalá logremos actuar a tiempo.  

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