Maritza Canobra

Maritza Canobra

Periodista, el sentido común es mi copiloto.

¿Y después qué?

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Si hay algo que hemos vivido durante este 2020 es que todos los días una invitada de piedra golpea nuestra puerta: la incertidumbre. Se cuela por las ventanas, en nuestros correos electrónicos, en nuestras conversaciones, en los grupos de whatsapp, en fin. La incertidumbre, fría y calculadora, nos mira con desprecio y no nos suelta; no se conmueve un segundo por nuestra necesidad de respuestas, de seguridad, etc. Claro que en su deambular por nuestras vidas la incertidumbre no anda sola; logra cierta ayuda para mantenernos en vilo: el gobierno. Juntos, el gobierno y la incertidumbre nos pasan por encima como aplanadora y nosotros porfiados, esperanzados, miramos esperando alguna señal que responda a nuestra pregunta cotidiana. ¿Y después qué?

Me he preguntado en qué oficina, de qué ministerio estará instalado el equipo que está pensando en el Chile post pandemia y cuando lo pienso la incertidumbre, cargante, toca la puerta otra vez. En una suerte de mini señal se ha hablado de reactivación económica y muchos han concurrido con firmas, acuerdos y otros brotes de esperanza para el mañana, porque nuestro sistema económico nos ha enseñado que sin plata no baila el monito. Sin embargo, esto que tiene una fuerte repercusión en el empleo no es solo eso y todos los sabemos.

Me asusta – y con la incertidumbre lo hemos conversado seriamente- que la reactivación económica se convierta en empleo precario que signifique un ingreso de miserias para familias vulnerables y contribuya a profundizar pobreza y desigualdad; mientras que para el gobierno sea una posibilidad de lucir cifras que atajen el desempleo. Claro, considerando que ya sabemos que cuando se ha tratado de cifras que provienen del gobierno también la incertidumbre se burla y mete su mano.

Quienes tenemos apego y respeto por la función pública y principalmente por el mundo municipal sabemos del cansancio que hay en los territorios, del desgaste logístico que ha significado la distribución de las benditas cajas de alimentos y también que en muchas comunas se preguntan “¿y después qué?”. Porque los municipios tienen sus restricciones de todo tipo y finalmente dependen en muchas materias de las decisiones del nivel central. No cuento aquí a Vitacura, Las Condes, Providencia, Lo Barnechea, donde los presupuestos le dan un portazo a la incertidumbre y es posible que haya planes más potentes para el momento post pandemia.

En el resto de Chile, salvo otras excepciones, los municipios esperarán con angustia y justa razón las decisiones de un gobierno que ya sabemos busca darnos certezas en la forma, pero en el fondo le da terreno a la incertidumbre. Entonces, aprovechando ese vacío es necesario trabajar ahora por ese momento que sí o sí nos debe pillar bien parados. El momento post pandemia no es solo reactivación económica. Esperemos que el gobierno y todos los sectores políticos, juntos a los empresarios y actores relevantes contribuyan a lo que deberemos reconstruir. ¡Y esa tarea no es mañana, es urgente y es ahora!

Un Plan Integral de Reconstrucción es lo que permitirá un escenario de mejor proyección, considerando que esta crisis es sanitaria, social y económica. Eso ya se ha dicho suficiente, entonces debemos pasar al siguiente casillero: identificar lo que será necesario reconstruir y responder a ello con la elaboración de políticas, planes y programas que aborden de forma integral las ciudades, los barrios, los hogares, las comunidades educativas, el tejido de organizaciones sociales y comunitarias, la salud primaria y hospitalaria, las pymes, los centros de abastecimiento, las familias, etc. Planificar a largo plazo y hacer programas que dejen atrás la política de que se entrega al amigo y se deja atrás al enemigo

Solo en el ámbito de la salud, habrá muchísimo que reconstruir, no sólo desde el punto de vista de la infraestructura sanitaria, sino también desde el recurso humano, principalmente los equipos de salud, la reprogramación y puesta en marcha de un plan que permita hacerse cargo de las listas de espera que es altamente probable tengan aumentos impensados. Al mismo tiempo habrá que evaluar políticas de atención a adultos mayores y un muy potente programa de salud mental. Ninguna novedad, pero son temas que han sido postergados o no han logrado tener la atención y recursos que merecen.

En fin, habrá mucho que reconstruir y no sólo se trata de reactivar proyectos para entregar empleos, cuya precariedad no me extrañaría nada. Se trata de muchísimo más. Es también la evaluación de todos los programas sociales, porque habrá necesidades nuevas y distintas de las que hemos visto hasta ahora. Habrá que pensar en una forma de atender las demandas sociales y no solo me refiero al carácter, objetivo y alcance de las políticas públicas, sino también a modernizar todos aquellos procesos cuya falta o nula digitalización ha quedado tristemente en evidencia con el Covid-19.

Será entonces tarea desde el gobierno y también desde los municipios, dedicar tiempo, esfuerzo y recursos para elaborar planes sobre el período post pandemia que será demandante y que nos obligará a pensar y repensar acerca de lo que hacemos en materia de políticas públicas, la forma en que hacemos las cosas y el impacto que generan, porque lo cierto es que habrá que contener lo que nos quede después de este período tan complejo. Eso -repito- no es solo un empleo, es la reconstrucción de la vida de las personas. Entender de una vez por todas que la vulnerabilidad bajo la alfombra nos hace vulnerables a todo

En todas las instituciones debiera instalarse un equipo a trabajar en ese post pandemia, de manera que cerremos puertas y ventanas a la incertidumbre, que ante la incerteza de un virus podamos responder con certezas de procesos, de proyectos, de apoyos sociales y de contención. Esperemos que el “¿Y después qué?” no sea una interrogante laxa y floja en el tiempo, sino una tarea asumida desde ahora, pensando en todo lo que hay que levantar tras este desastre, pensando en la integralidad de las comunidades y quienes las componen, pensando en que esta crisis se llama Covid-19 y no sea la incertidumbre vestida de pandemia.

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