Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

La errancia de Olga Tokarczuk

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Olga Tokarczuk viaja, se mueve. Su escritura es un andar, errando por ahí con compulsión. Escribe en mesitas de aviones al sonido acompasado de motores que surcan los cielos. En bares de aeropuertos, en hoteles insomnes. Se nutre de anotaciones en servilletas, cuadernos de viaje, de conversaciones tomadas al azar, de la fantasía de imaginar quien es, quien nos acompaña a pocos centímetros, sentado al lado en un avión, un bus, adivinando la vida, las manías, los placeres del que yace desconocido a escasos dedos de distancia e ignora nuestra imaginación sin límites. 

Eso hace Tokarczuk, desentraña las profundidades del cuerpo, de un espacio. “Mi energía es generada por el movimiento; el vaivén de los autobuses, el traqueteo de los trenes, el rugido de los motores de un avión.” 

Acompañan a su literatura pequeños relatos que se leen con esa velocidad con que fueron escritos, pero que se aquilatan con lentitud, que se sorben y se degustan con tiempo, con repaso, con muchas lecturas sobre un fragmento. 

Porque “Errantes” el libro que la llevó a ganar el Premio Man Booker International y luego el codiciado Premio Nobel de Literatura 2018 , completa una larga lista de relatos. Se une a lo que pareciera que hace un rato la Academia Sueca, busca como nuevas formas de contar: La literatura se contra-hace de los nuevos tiempos, se llena de la energía y la velocidad de una poesía que se trabaja saltando de país en país, pero también en una manera distinta de narrar. 

Hace algunos años fueron Svetlana Alexievich, cuya escritura deriva de un periodismo obsesivo por recoger miles y miles de testimonios que entretejen una historia, lejos de la oficial, la historia que no existe, la que no se cuenta en los libros de esa otra Historia, la que no se enseña en las escuelas. En el mismo tono, el Nobel a Bob Dylan, no sin polémica, es un reconocimiento a la poesía del siglo XX musicalizada entre el rock, folk, el blues y el pop. Así es, como la Academia Sueca ha buscado “otras formas de mirar” y en Tokarczuk encontró a una gran contadora de historias, obsesivas, llenas de búsquedas en un viaje constante. 

En “Los Errantes”, una de sus más famosas entregas, la Nobel polaca (un país que tiene cuatro nobeles de Literatura, dos femeninas Tokarczuk y la maravillosa poeta Wisława Szymborska en 1996), despliega sus pequeños relatos, captados saltando por ahí. Imaginando conversaciones, retazos de historias, obsesiones por la anatomía, por lo horrible, lo profano, lo horroroso. 

Cada relato de la autora polaca recuerda esa sensación de pararse frente a un cuadro en un museo, una obra de arte de un autor como Cy Tomblay, Matta o Basquiat, un pequeño relato, te diriges a un cartón blanco pequeño, a un costado y encuentras un título que describe una pintura que imaginaste con otro nombre, que se te vino a la cabeza frente a un lienzo blanco con una gran mancha roja que se despliega o una maquinaria del chileno que embelesa entre relojes y cuerdas. Los títulos de las historias de Tokarczuk, son una historia, una imagen distinta, imaginada de lo que leerás a continuación. 

En Tokarczuk hay imaginación a raudales, pero hay un mirada constante de la realidad a fragmentos que constituyen un espacio que otorga, por medio de casi 100 cuadros, la visión de una exposición completa: “También creo que el mundo se encuentra en el interior, en un surco del cerebro, en la glándula pineal, en la garganta; ahí es donde está ese globo terráqueo. En realidad se podría carraspear y escupirlo”.

Leer a Tokarzcuk, es saltar, viajar, asistir a ingresar en ese surco del cerebro donde se forma la obsesión por las cavidades de nuestras entrañas –un ámbito recurrente en la autora- por la taxidermia de nuestros órganos, por nuestra humanidad finita, por la capacidad de fijar el presente que se construye de un futuro que no existe, pero que se hace al avanzar. 

Vale la pena leer a Tocarzcuk, por cierto, recuerda a pequeños fragmentos de Kundera, a cuentos como “La Bella Durmiente” de García Márquez (en sus famosos Doce Cuentos Peregrinos), 

Tocarzcuk representa una voz única, abierta a un mundo sin fronteras, que no conoce límites, donde el territorio es lo que los sentidos pueden tocar y sentir. 

Lo de la polaca es a ratos, enciclopédico, obsesivo, coleccionista de fragmentos, huesos, entrañas, de historias, de trozos de realidad, de sueños, de ruidos en pasillos de hoteles de noche, de pedazos de la conversación de un bar, de una pareja que se mira y de otra que desaparece sin volverse a encontrar.

La Literatura de Tocarzcuk vale la pena en esta hora, es un dique ante la frivolidad, la destrucción, que concibe, como ella bien retrata al mundo una red de influencias mutuas antes que “aparezcan sentidos nuevos para detectar la carencia, degustar la ausencia, ser capaces de una particular precognición. Saber lo que no sucederá”.

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