Sergio Espejo

Sergio Espejo

Abogado Universidad de Chile y Master en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Ha sido Diputado, Ministro de Transportes y Telecomunicaciones y Superintendente de Electricidad y Combustibles. Enseña políticas públicas en la U. de Chile, integra el consejo académico asesor del programa de medio ambiente de la facultad de Derecho UC y es decano de Ciencias Jurídicas y Sociales de USEK. Abogado socio de Aylwin y Compañía y consultor internacional.

Los Herejes

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Vale la pena leer “Los Herejes” de Leonardo Padura. En un texto escrito en cuatro grandes “libros”, en alusión a los relatos bíblicos, Padura nos conduce entre La Habana reciente y el Amsterdam liberal del siglo XVI en busca de la respuesta a misterios históricos, familiares y policiales que, en verdad, se refieren más bien al misterio de la propia existencia.

De la mano del inefable ex policía Mario Conde, así como de diversos miembros de la familia Kaminsky, Padura nos introduce en la batalla monumental que cada ser humano enfrenta en busca de su identidad y su libertad. De la capacidad para decidir el lugar que a cada uno corresponde tomar en la vida, o por el cual vale la pena al menos luchar.

Con el trasfondo de la larga persecución sufrida por judíos en todo el planeta, Padura se interroga a través de sus personajes por los conflictos de lealtad entre la pertenencia a una fe y la pulsión por llevar a cabo aquello para lo que una persona identifique como su peculiar llamado en la existencia. Entre el derecho a reconocerse parte de una cultura o nación y la urgencia de defender la vida cuando lo primero es considerado un crimen. En su dimensión más política (Padura es cubano), el autor nos conduce también por la ruta del desengaño con la revolución que finalmente se traiciona a si misma conducida por quienes antepusieron sus propios intereses a la búsqueda del bienestar colectivo que anunciaban.

En medio de la experiencia post estallido social y a días del plebiscito que resolverá, pienso, la elaboración de una nueva constitución, “Los herejes” es también un cuestionamiento a la experiencia política chilena.

Herejes son quienes se apartan de la fe, del dogma, de lo establecido como correcto por el poder. No puedo dejar de pensar en la velocidad con que las acusaciones de herejía se han multiplicado entre nosotros. Movimientos, partidos y líderes parecen, cada vez más, erguirse como santones revestidos de la superioridad moral para trazar, sin dudas ni vacilaciones, la línea entre lo correcto (lo bueno) y lo incorrecto (la maldad). Lejos de la libertad dialogante que consagra la democracia, parece instalarse como único camino político posible la división maniquea entre posiciones irreductibles.

El mensaje “herético” de Padura resuena a la distancia. Si cada existencia es única y cada vida corresponde a un momento, sólo a eso, en la inmensidad de la historia ¿no será necesario reconocer la legitimidad en su dignidad de cada uno y cada una? Y valorar, como parte de la propia riqueza, el proyecto de vida que las demás y los demás aspiran a construir con la única y necesaria restricción de respetar el proyecto de vida que construimos colectivamente.

Quizás la futura constitución debiera ser eso: Un proyecto herético que, al margen de dogmas, frases hechas y vociferaciones enajenantes, rescata como proyecto común el valor profundo de cada existencia.

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Dice Melchor Marín, aprendizaje de su atormentada juventud, que una buena novela la hacen en partes iguales el autor y el lector. Pienso que es así. Terra Alta no es “Los Miserables” y Melchor Marín está lejos todavía de Salvo Montalbano y Kurt Wallander, por pensar en dos “grandes”, pero la historia es entretenida, está bien escrita y deja al lector con las ganas de encontrarse nuevamente con el protagonista.

Cuadrar el círculo

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