Leandro Campillay

Leandro Campillay

Consultor en Comunicación Estratégica y Digital. Ha sido asesor del Ministerio de Defensa Nacional y del Ministerio de Justicia.

WhatsApp en las cuerdas

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Los debates a propósito de temáticas digitales no son necesariamente los más vistosos. Sorprendió sin embargo que se hiciera tan popular la arremetida de usuarios hacia aplicaciones de mensajería instantáneas como Telegram o Signal.

Más de algunos, que llevamos tiempo en estas aplicaciones, vimos llegar en masa a los nuevos usuarios y fue comentario obligado de la semana.

La razón, casi como una exposición imprudente al daño, fue el anuncio de WhatsApp sobre su cambio en las políticas de privacidad que, en resumen, permitían compartir la información de sus usuarios con su empresa matriz: Facebook.

Hoy no es sorpresa que las grandes corporaciones dueñas de las principales aplicaciones de Social Media tengan acceso a nuestra información. Pero con WhatsApp existe una especie de “excesiva confianza”, derivada seguramente de la importancia que tiene en nuestras vidas por el uso regular y diario que le damos.

No obstante, toda confianza tiene un límite y el anuncio fue, a lo menos, brusco. Si no se aceptaban las nuevas condiciones antes del 8 de febrero, no se podría ocupar WhatsApp. Así de simple.

Más allá de entrar en los pormenores teóricos o técnicos del cambio de políticas de privacidad, la decisión de WhatsApp generó efectos específicos. En un solo un fin de semana las descargas de Telegram aumentaron en 25 millones. Algo parecido sucedió con Signal, obligando a WhatsApp a recular en su decisión y postergar el cambio de políticas hasta mayo de este año.

La empresa de Mark Zuckerberg tiene ahora el desafío de explicar las verdaderas razones detrás de su cambio de políticas, asumiendo desde ya que no resultó como esperaba. Este fracaso comunicacional tendrá que revertirlo con mucha más transparencia y prestando atención a usuarios cada vez más empoderados, quienes a la mínima señal de desconfianza no tardan en preferir otros servicios que vayan en sintonía con sus intereses en materia de seguridad y protección de datos.

El gigante de la mensajería instantánea estuvo por un breve momento en “las cuerdas” y sus competidores, gracias a que llevan años practicando políticas más seguras y estrictas en la protección de datos, tienen la posibilidad de salir a conquistar a una audiencia que está cada vez más atenta a los eventuales abusos de la era digital.

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